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Cuando los Dodgers de Los Angeles empezaron a gastar grandes sumas de dinero en adquisiciones de jugadores en el verano, algunas personas los calificaron como "los Yankees de la Costa Oeste".

En ese momento era una calificativa fácil pero no necesariamente precisa. Sin embargo, ahora queda corto.

Los Dodgers no sólo han superado a los Yankees en cuanto a nómina se refiere, sino también que es posible que hayan cambiado el panorama competitivo de la manera más drástica en la historia del béisbol.

El último ejemplo de gastos de los Dodgers representó otro "palo" de mayores proporciones. La firma de Zack Greinke de seis años y US$147 millones representa el segundo mayor contrato en la historia para un pitcher y el más lucrativo para un derecho.

Por supuesto, los Dodgers ya habían asumido US$260 millones en salario debido a su mega-cambio con los Medias Rojas en agosto, canje que trajo a Los Angeles al mexicano Adrián González, Carl Crawford y Josh Beckett.

Además, los azules han fichado al zurdo surcoreano Hyun-Jin Ryu, quien recibió un contrato de seis años y US$36 millones. Incluyendo el cobro de posta por los derechos de negociar con Ryu, los Dodgers gastaron poco menos de US$62 millones para adquirirlo.

Para otra franquicia, este último pacto representaría una transacción de mayores proporciones. Para los Dodgers puede ser importante, pero a nivel económico fue simple y llanamente otro movimiento de rutina.

Los Dodgers del 2013 tendrán una nómina de por lo menos US$225 millones, que sería un récord de Grandes Ligas. Es una marca que podría no romperse en el futuro cercano, ya que los Yankees-dueños del récord anterior-pretenden reducir la suya a US$189 millones para el 2014.

Por supuesto, los mismos Dodgers podrían romper su propia marca. Los nuevos dueños pagaron más de dos mil millones de dólares por la franquicia, otra marca de Grandes Ligas. Pero se dice que el equipo negocia un pacto local de derechos televisivos que podría superar todo eso-y establecer otro récord, naturalmente.

El negocio del béisbol está más fuerte que nunca; los Dodgers son la mayor representación de ello. A esta altura no se les puede comparar a los azules con ningún otro equipo.

De cualquier forma, la primera pregunta que se hacen los fanáticos es la siguiente: ¿Cómo van a impactar el juego en el terreno todos estos gastos de parte de Los Angeles en el Oeste de la Liga Nacional?

Sin hacer mucha "bulla", dicha división ha sido de mucho equilibrio competitivo. Los Diamondbacks la conquistaron en el 2007 y el 2011. En el 2007 y el 2009, los Rockies ganaron el comodín de la Nacional y asistieron a la Serie Mundial del 07. Los Dodgers ganaron el título tanto en el 2008 como el 2009. Y por supuesto, los Gigantes no sólo fueron campeones de la división en el 2010 y el 2012, sino también de la Serie Mundial. Y al final del 2012, según un gerente general de la división, el equipo del Oeste que mejor jugó fueron los Padres.

Pero ahora los Dodgers han cambiado las reglas, por lo menos a nivel económico. Están ejerciendo su poder como toda una franquicia de un mega-mercado.

El consuelo de los otros equipos es que el gastar mucho dinero no es garantía de éxitos en el terreno. Vimos una pequeña evidencia de esto al final del 2012.

Después del gran canje con Boston, mucha gente afirmó que el Oeste iba a pertenecer a los Dodgers. Se subestimó la determinación y la tenacidad de los Gigantes. Otras personas pronosticaban que Los Angeles iba a quedarse con uno de los dos comodines. Se subestimó la determinación y la tenacidad de los Cardenales.

Ahora bien, los Dodgers tendrán una temporada entera para proceder con su reforzado roster. Específicamente, tendrán una campaña entera para proceder con lo que parecer ser un pitcheo de primera categoría.

Una comparación con los Yankees ya no es útil; es algo anticuado e irrelevante. Los Dodgers están operando a un nivel que no tiene comparación con nadie.

Esta organización de Los Angeles ha hecho todo lo posible en términos de gastar dinero y construir un roster que podría ganar una corona. Ahora viene la parte más difícil, eso de salir al terreno y conquistar el título de verdad.