No es muy difícil el asociar la imagen de Craig Biggio con la de los Astros de Houston. De hecho, Biggio junto a su compañero Jeff Bagwell están tan unidos con la franquicia de la cual han sido parte durante toda su carrera profesional, que unas esculturas de ambos haciendo la combinación entre la segunda y primera bases se pueden encontrar en una de las entradas del Parque Minute Maid.

Un homenaje que muchos reservan para cuando los festejados se retiraran o hayan fallecido, es un testimonio a los que son considerados, sin ánimo de exageración, como dos leyendas vivientes y que le dieron la identidad actual a la escuadra espacial.

Y es por ello que toda una ciudad, agradecida y en admiración, se volcó a celebrar una hazaña que coloca a Biggio con un boleto seguro a ocupar el lugar que los inmortales tienen reservado en el Salón de la Fama de Cooperstown.

Con el tercero de cinco imparables que ligó contra los Rockies de Colorado el pasado 28 de junio, fue la hora de poner en su justo balance una carrera de 20 temporadas, que en una rara ocurrencia en estos días de danzas de millones y agentes libres, se ha desarrollado toda en la ciudad tejana.

Cuando Biggio debutó con los Astros el 26 de junio de 1988, lo hizo como receptor, en calidad de backup del titular en aquel entonces, Alex Treviño. Veinte años y más de 2,700 juegos después, Treviño sigue con la organización, más formando parte de las transmisiones de radio en español como cronista.

La longevidad de Biggio ha sido el resultado de su consistencia y disposición a adaptarse a los cambios que sean necesarios para que el equipo sea mejor. Y es por ello que ha transitado desde la receptoría hasta la intermedia, para pasar un tiempo en los jardines y desembocar nuevamente en la segunda almohadilla.

Y claro está, de una ética de trabajo envidiable que sólo pocos pueden imitar. A sus 41 años, hay todavía quienes lo llaman "The Kid" (El Niño), un recuerdo de cuando todavía su rostro de veinteañero lo acompañaba.

"Soy más viejo, lento y sabio (hoy)", le dijo Biggio a MLB.com en inglés. "Creo que es más difícil hoy de lo que era antes. Eres demasiado tonto y joven para darte cuenta de ello. Ahora los años y la sabiduría te ayudan a comprender el significado de todo y que tan difícil es (el conectar 3,000 imparables). Quiero decir, es un número tan grande y es una locura, si piensas en ello. Conseguir ese número y mi nombre al lado de él, no lo puedo creer, para serles honestos".

Y no son solamente los 3.000, que por sí solos son dignos de todo mérito. Solo considerar que es el único pelotero en toda la historia de las Grandes Ligas en obtener, todos juntos, más de 600 dobles, 250 cuadrangulares, 3.000 hits y 400 estafas.

Eso es mucho decir.

Un examen profundo de las estadísticas de Biggio podría tomarnos un largo tiempo, mucho más del que estas líneas nos pueden permitir. Sólo considerar que, como intermedista, es el segundo de todos los tiempos en juegos (2,789), primero en turnos al bate (10,679), tercero en carreras anotadas (1,826) y noveno en impulsadas (1,154). Y en ese proceso, ser miembro en siete ocasiones del róster del Juego de Estrellas, cinco veces receptor del premio Bate de Plata, y en cuatro ocasiones merecedor del Guante de Oro, poseyendo 20 récords de la franquicia y de las Ligas Mayores.

Y, claro está, es el primero en la historia del béisbol en pelotazos recibidos, una estadística que habla muchísimo de su entrega y sacrificio por la causa de su equipo. Algo que incluso capturó la imaginación de un fanático (anónimo por elección propia y no adherido a los Astros) en Boston que decidió iniciar un blog con el nombre "Plunk (golpea) Biggio".

Aunque este explicó en su primer escrito de forma clara sus intenciones. "No se debe entender como una promoción para que se le golpee a Craig Biggio, más el recibir un pelotazo es parte del juego. Bien sea al inclinarse y recibir un golpe por el equipo, o solo al batallar por su puesto en el cajón de bateo, se debe reconocer la dureza de Biggio al pararse y recibir tantos golpes en muchísimas ocasiones".

Cuando Biggio decida finalmente colgar los spikes y ponerle fin a su carrera, no solamente serán sus números en el terreno los que serán recordados por los fanáticos de los Astros, sino todos esos intangibles que trajo al equipo y que contribuyeron, en gran medida, a que sea lo que es hoy.

Biggio y Bagwell ayudaron, con sus batazos, su forma de desenvolverse dentro y fuera del terreno y un compromiso innegable con su organización, a llevarlo desde el profundo y oscuro Astrodome a la joya que es hoy el Parque Minute Maid. Ayudaron a que Houston definitivamente imprimiera dentro de su conciencia colectiva a los Astros. Y estuvieron allí en el progreso que sin detenerse por espacio de quince años, los llevó a que en 2005 disputasen su primera Serie Mundial.

Su compromiso con los niños con cáncer, representado en la fundación Sunshine Kids, ha sido reconocido en todos los Estados Unidos como ejemplo de un deportista que apoya causas nobles de forma constante. Durante toda su carrera, ha ofrecido una fiesta para infantes afectados por la enfermedad así como una fiesta de Navidad.

"Eso es lo que lo separa de muchas superestrellas", expresó su compañero Lance Berkman a MLB.com. "Algunos no quieren la responsabilidad de ser un modelo para la juventud. No quieren admitir que lo son, quieran o no. Craig se toma esa responsabilidad muy en serio y creo que ha hecho un gran trabajo con la comunidad y asegurándose que retorne el cariño a una ciudad que lo acogió con los brazos abiertos".

Es ese compromiso con Houston y su equipo lo que hacen a Biggio único y quizás el último de una especie en extinción. "Nací y crecí en el Este", escribió Biggio en MLB.com, "pero la ciudad de Houston se ha convertido en hogar para mi y mi familia. El poder jugar toda mi carrera con un solo equipo es una bendición para todos nosotros. Para mí, mi esposa Patty y nuestros hijos, Conor, Cavan y Quinn. La vida de un pelotero puede ser muy difícil para un pelotero y su familia, pero para nosotros, con toda honestidad, ha sido muy fácil".

"Recuerdo el jugar en el Astrodome en frente de pequeñas multitudes al principio, y ahora, recibimos cerca de tres millones de fanáticos cada temporada. Jeff Bagwell y yo podemos recordar esos días de antaño y sentirnos orgullosos de lo que esta organización se ha convertido. Nuestros fanáticos esperan que ganemos. Se nos exige que ganemos. No llegar a la postemporada no es una opción. Es la realidad de lo que hacemos".

Biggio puede resumir su legado, más allá de todas las hazañas que ha conseguido a lo largo de un par de décadas en el béisbol mayor (que no son cualquier cosa), así: "Hemos convertido a Houston en una ciudad deportiva. La llevamos de querer a sus Astros a amar de verdad a sus Astros. Las expectativas son las de llegar de nuevo a los playoffs y a la Serie Mundial. Cuando se tienen ese tipo de expectativas, hay una gran fanaticada, y eso te hace sentir bien".

Y quien escribe, que en ese día de junio tenía 12 años de edad y sólo vio el nombre Biggio como uno más en la gran cantidad de apellidos que vio en los boxscore de la prensa deportiva, y que aprendió a seguir y apreciar a Biggio y los Astros como una entidad indivisible, no puede sino darle la razón.